
Las puertas abiertas, los pibes que llegan. Zapatillas gastadas comienzan a bailar al ritmo de la murga que hace sonar sus bombos y flamea sus banderas. En ese patio pueden convivir todas las camisetas, en ese patio cientos de chicas se peinan y se maquillan junto a familias enteras que ayudan a alistar los trajes que brillan con sus lentejuelas. Ese patio está pleno de música y color, se respira vida y alegría. Son niños y adolescentes que sonríen y se sienten “pertenecer”. Ellos están listos para salir y lucirse en el barrio, entre sus amigos y en cada desfile de la ciudad.