martes, 5 de agosto de 2014

Limpiar una plaza en equipo, un original plan de (anti)domingo

Un cronista se suma a la Plaga Positiva, un grupo que incita a cuidar los espacios públicos

 

Como la langosta sobre un sembradío, tomamos la forma de una poco prolija línea horizontal de algo más de 20 personas que, con guantes y bolsas en mano, avanza sobre el parque Saavedra. A nuestro paso queda todo... limpio. No por nada los organizadores de esta suerte de flashmob lo han llamado Plaga Positiva.

La convocatoria difundida por redes sociales (www.facebook.com/PlagaPositiva) y medios es sencilla: juntarse un domingo al mes en una plaza porteña y limpiarla. No hay nada más detrás de la propuesta, ni organizaciones partidarias, ni ninguna filosofía en particular: de lo que se trata es lisa y llanamente de reunirse para limpiar los espacios verdes de la ciudad de Buenos Aires, con la esperanza de "contagiar" la costumbre de cuidar el espacio público.

"La idea es ir todos juntos y generar curiosidad en la gente, que nos pregunten qué estamos haciendo y contestarles que no somos de ningún partido político ni de ninguna empresa, que simplemente nos juntamos para limpiar", me dice Julia Raz, de 26 años, una de las organizadoras de la Plaga, apenas llega al parque Saavedra.

Julia lleva una remera verde como casi todos los participantes. Algunos -como mis hijas Julieta y Laura; yo mismo- estamos participando de la Plaga por primera vez. Hay una suerte de entusiasmo compartido que tiene que ver con tomar las riendas del cuidado de algo que todos aquí valoramos: la plaza, como un espacio de juego y de disfrute.

Después de pasar unos minutos deliberando el recorrido por seguir -y mientras esperamos a los rezagados-, emprendemos el camino. Son ya las 16.30; la tarde soleada ofrece la mejor temperatura esperable en el otoño porteño y no hay mucho tiempo para perder, porque cuando empiece a caer el sol hará frío, mucho frío.

Yo llevo una bolsa negra de consorcio en la que debo guardar las botellas de plástico que aparezcan en el camino; el resto lleva bolsas de supermercado para los residuos comunes o baldes para los reciclables. Todos vamos con guantes de jardinería. Avanzamos a paso tranquilo, levantando del suelo aquello que la gente ha tirado al piso -papeles, envoltorios de caramelos, paquetes de cigarrillos- y colocándolo en la bolsa o balde correspondiente.

Primera observación: es notable la mala puntería que tiene la gente. ¡Uno de los sectores más sucios de la plaza se encuentra en torno a los tachos de basura! Y los tachos no están llenos... "Es como si las personas tuviesen la voluntad de tirar la basura al tacho, pero a medida que se acercan, esa voluntad se desvanece", dice uno de los chicos de la Plaga, mientras levanta un paquete de cigarrillos vacío.

A nuestro lado pasa una pareja de personas mayores. La mujer se acerca y deja fluir su curiosidad:

-¿Qué están haciendo?

-Limpiando.

-Qué lindo, me gusta mucho lo que hacen -dice y nos regala una sonrisa.

Otros, en cambio, no se lo toman con tanta alegría. A medida que ven que la Plaga se acerca, se apuran a mirar a su alrededor para ver si no se les ha "caído" algo al suelo, y si es así lo recogen y buscan dónde ponerlo: una bolsa de residuos, un bolsillo, un tacho cercano.

"No sólo es importante limpiar la plaza, sino también que nos vean hacerlo, para motivar a la gente a pensar sobre qué puede hacer cada uno para que la ciudad esté más limpia", decía Julia durante la charla previa a la salida, y a medida que pasa la tarde, compruebo que esas palabras se ven respaldadas por la realidad.

Con respeto y sin ser invasiva, la Plaga interactúa con la gente:

-¿Puedo juntar ese papel? -pregunta uno de sus miembros a una pareja que toma mate en un banco de la plaza, y a cuyos pies se encuentra tirado el paquete vacío de yerba.

-No, dejá, yo lo junto -responde el muchacho.

Segunda observación: una rápida estadística coloca a los fumadores como los visitantes más sucios de la plaza. Es abrumadora la cantidad de colillas, paquetes de cigarrillo y envoltorios de celofán tirados en el suelo, que hacen de los desechos del fumar los más numerosos. El segundo lugar del ranking de residuos lo ocupan los envoltorios de caramelos, y luego aquello que los dueños de los perros no levantan. Una sorpresa es la presencia mínima de botellas de plástico en el suelo: sólo encontramos cuatro en una hora y media de darle la vuelta al parque Saavedra.

La tarde cae y la Plaga sigue su camino. Cuando ya hemos recorrido todas las sendas que surcan el parque, empezamos a "rastrillar" el pasto: formamos una línea que avanza horizontalmente levantando todo residuo humano que se encuentra a nuestro paso. De a ratos alguien se acerca para darnos algo que estaba a punto de desechar: en vez de tirarlo al tacho de basura, prefiere dárselo a la Plaga. A mí me parece una suerte de gesto de agradecimiento, reconocer en los voluntarios que hoy limpian la plaza las ganas de hacer algo no obligado, ni siquiera solicitado, pero bienvenido.

Tercera observación: el parque Saavedra no está tan sucio como lo esperábamos encontrar; para mí no está tan sucio como lo estaba hace unos años cuando yo era su vecino. Mentalmente recorro las plazas a las que, en Vicente López, suelo ir con mis hijas, y debo reconocer en ellas una cuota de suciedad mucho menor a la de las plazas en las que jugaba de chico. Me cuesta creerlo, pero me asalta la idea de que quizás estemos siendo un poco más limpios...

Quizá sólo sea una ilusión, pero prefiero pensar a futuro. Al ver a mis hijas disfrutar de la jornada, me las imagino contándoles a sus amigas y amigos la experiencia de la Plaga Positiva, multiplicando en sus cabezas la idea de que salir a limpiar una plaza también puede ser un buen plan para una tarde de domingo..

Fuente: La Nación

Link: http://www.lanacion.com.ar/1694057-limpiar-una-plaza-en-equipo-un-original-plan-de-antidomingo

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